The Legend of Zelda: la dinastía imperecedera

The Legend of Zelda es considerada una de las sagas más influyentes de los videojuegos, tanto es así que varios desarrolladores han intentado capturar varios elementos de dichos juegos, tales como el espíritu de aventura, gracias a su exploración sin límites o los puzzles y rompecabezas que se adaptan a las mecánicas y controles dependiendo de la consola en la que se ejecuten, pero sin jamás llegar al nivel de la franquicia de Zelda. Desde la primera entrega ha conseguido captar a la perfección la atención de los usuarios, tal es la repercusión que ha tenido durante toda su vida, que hasta el día de hoy podemos observar torneos y competiciones contrarreloj de los juegos de Zelda. Los ricos personajes y sus detallados escenarios, han impulsado la fama de los videojuegos de Zelda hasta lugares inimaginables, convirtiendo a Nintendo en una de las empresas más respetables en la industria de los videojuegos.
 
En el día de hoy, y tras haber hablado previamente del primer juego de Zelda, nos adentraremos en los consecutivos títulos de la saga.


Zelda II: Un cambio radical

La segunda entrega de la saga se tituló “Zelda II: The Adventure of Link”, una secuela directa de su antecesor que cambió totalmente la estructura y el gameplay respecto a la primera entrega (Wiki, s. f.).

(Zelda II: The Adventure of Link, pantalla de inicio)

El primer cambio notable se observa en la propia historia, ya que Zelda no es la princesa a la que Link debe rescatar, sino otro miembro de la dinastía real que comparte mismo nombre, y fue hechizada para que permaneciera eternamente dormida. El que tal vez sea el rasgo más diferenciador entre ambos títulos se localiza en la jugabilidad del mismo, pasando de un plano cenital a una vista lateral de áreas o pantallas dentro de un mapa más grande. El sistema de combates también es modificado, introduce un componente de experiencia y subidas de nivel, también incorpora más elementos de rol, a los que sumados con una nueva barra de salud y corazones repartidos por el mapa para aumentarla, hacen que en tan solo dos años el gameplay cambie rotundamente. La magia es otro factor novedoso que se introduce en el juego, y que se mantiene en las entregas venideras. Link posee una barra de magia en la interfaz de la pantalla, la cual puede recargar con jarros de magia. A lo largo del juego se aprovisiona con ocho hechizos diferentes, cada uno con una funcionalidad particular, desde magia para protegerse o saltar, como para eliminar enemigos o hechizarlos (Mesa, 2010).

Para muchos el segundo Zelda, a pesar de ser creado por el mismo desarrollador, Shigeru Miyamoto, lo consideran como un juego adelantado a su tiempo, ya que toca elementos RPG e incluye nuevas mecánicas, no llegando a calar del todo en la comunidad de jugadores (Mb, 2020). Cuando se lanzó se consideró un fracaso dentro de la saga, aún así, dejó la puerta abierta para los lanzamientos venideros, los cuales perfeccionaron los avances pioneros de dicho juego para convertirlos en verdaderas joyas multimedia. Hoy en día, si hablamos de reconocimiento, la versión original de la segunda entrega recibió una puntuación de 36 sobre 40 según la revista Famitsu (Zelda II: The Adventure Of Link - Universo Zelda, 2017), y 8,5 sobre 10 en su versión virtual, dicha puntuación fue otorgada por la revista IGN. Así se ven ambos juegos comparados:


(The Legend of Zelda I, Gameplay)



(Zelda II: The Adventure of Link, Gameplay)



A Link to the Past: Un diamante pulido


La tercera entrega de Zelda se lanza en Japón en 1991, y un año más tarde en el resto del mundo. Originalmente fue creado para la SNES, pero en 2002 se introdujo en el catálogo de juegos de la Game Boy Advance, siendo el segundo más vendido de aquel año (C. T. L. o. Z. Wiki, s. f.-a).


(A Link to the Past, captura del juego)

El tercer título, “A Link to the Past”, apuesta por la misma jugabilidad que la primera entrega, un plano cenital con una perspectiva de arriba-abajo. Utiliza los mismo conceptos y mecánicas que su abuelo, pero aporta nuevos elementos que más tarde se convertirán en señas de identidad. Este título introdujo desde mazmorras multi-nivel a los objetos que caracterizan a la franquicia, estos son tales como la Espada Maestra o el Gancho. La trama del juego distingue dos mundos: el Mundo de la Luz y el Mundo de las Tinieblas, dos conceptos que más adelante se repiten con los juegos “Ocarina of Time” y “Twilight Princess” respectivamente.

En esta entrega comenzará una regla para los títulos venideros, y es que ninguna de ellas repite Link, es decir, nuestro protagonista cambia en cada juego, así como la línea temporal. Los desarrolladores de Nintendo quisieron que este cambio tomase forma modificando el aspecto físico del héroe. En este juego se materializa dicha modificación tiñendo el pelo de Link a rosa, aunque en las carátulas de los juegos y en las revistas de Nintendo siga saliendo con un tono arrubiado (Nintendatos, 2017). 

Gracias al espejo mágico, los jugadores tienen la posibilidad de viajar entre el Mundo de la Luz y el Mundo de las Tinieblas, siendo un elemento que marcará el avance de la aventura en muchas ocasiones, pues es necesario alternar entre mundos para acceder a ciertas zonas o resolver algunos puzzles. El modo en el que el juego propone situaciones de gameplay en las que el espejo mágico se ve implicado es sin duda uno de los aspectos más vanguardistas del mismo y que más lo hicieron brillar, por lo que se entiende que el choque de dos mundos sea uno de los temas recurrentes de la saga en las posteriores entregas (The Legend Of Zelda: A Link To The Past - Universo Zelda, 2017).


(Mapa del Reino de Hyrule, A Link to the past)

Aunque podamos explorar esta Hyrule alternativa, si nos ceñimos únicamente al tamaño del mapa, A Link To The Past, pese a superar al primer Zelda, palidece ante The Adventure of Link, que por sorprendente que parezca cuenta con un mapa algo más extenso. (The Legend Of Zelda: A Link To The Past - Universo Zelda, 2017).

Ocarina of Time: El pináculo de la saga

El 21 de noviembre de 1998 era lanzado en Japón uno de los mejores juegos de la historia, que constituyó un antes y un después dentro de la industria.

A finales de los 90, el salto a las tres dimensiones lideraba como la mayor tendencia dentro del mundo de los videojuegos. Tras algunos experimentos como algunos de los juegos del 32X, la expansión de SEGA Megadrive, el 3D comenzó a volverse la tónica de los videojuegos 3A, y ninguna de las grandes sagas quería quedarse atrás. La apuesta era arriesgada, puesto que la producción de un juego competente en 3D solía conllevar grandes gastos para las empresas, además de que no siempre había garantías de éxito debido a que el 3D era algo completamente novedoso. Algunas franquicias tuvieron más facilidad para adaptar sus mecánicas y jugabilidad características a las tres dimensiones, mientras que otras acabaron en el olvido por no alcanzar el listón de calidad exigido por el público (KVN, 2021).


(Virtua Fighter fue uno de los mejores juegos del 32X de SEGA)

Mario 64 y Crash Bandicoot fueron algunos de los grandes referentes como juego en 3D de la época y, tras el gran éxito del juego del fontanero, la expectación por el nuevo título de la otra gran franquicia de Nintendo era máxima. Las expectativas estaban por las nubes y los desarrolladores tenían una gran presión pues arruinar el legado de la saga hubiera sido algo catastrófico. Sin embargo, a finales del 98, Ocarina of Time fue puesto a la venta en Japón disipando al instante las dudas del público con un debut en 3D extraordinario. Días más tarde el juego llegaría a Estados Unidos y poco después a Europa, replicando su enorme éxito (Wiki, s. f.-c).


El juego nos encarna en la piel de un Link con la capacidad de viajar en el tiempo, que equipado con una ocarina mágica, debe recorrer Hyrule y superar distintas mazmorras para obtener la Trifuerza y con ella salvar a Zelda y al reino de las manos de Ganon. A lo largo del título el jugador consigue nuevas canciones que tocar en la ocarina, cada una con distintos efectos sobre la aventura. Otro aspecto destacado del juego es su combate, muy novedoso para la época al permitir fijar la cámara en un enemigo en concreto, algo muy ingenioso e intuitivo que facilita mucho las cosas a la hora de medirse con las distintas criaturas que habitan Hyrule (Lloret, 2018).


(Link fijando a los enemigos en una mazmorra de Ocarina of Time)

Tampoco se queda atrás su espectacular banda sonora, en la que repite Koji Kondo, nombre consagrado ya dentro de la saga, que realiza un trabajo excepcional para elevar el apartado sonoro del título al estatus de leyenda. El juego está cargado de melodías icónicas que con el tiempo se han vuelto parte de la cultura popular de forma irremediable y que hacen que cada paso recorriendo las extensas regiones de Hyrule sea realmente memorable. También brilla enormemente un gran diseño de sonido con algunos sonidos que también se han vuelto muy icónicos, como el “hey” de Navi, el hada que acompaña a Link; el sonido de los jarrones al romperse o los gritos de Link al luchar (Wiki, s. f.-c).


La saga de Nintendo es el claro ejemplo de cómo adaptarse con los años a las tendencias del momento, pero nunca sin perder la esencia ni la filosofía de diseño que ha caracterizado a la franquicia y la ha catapultado hacia el éxito. Existen muy pocas sagas ya no de Nintendo, sino del mundo de los videojuegos en general que hayan mantenido el listón tan alto como The Legend of Zelda, sumando éxitos con el paso de los años de un modo inagotable.


(Link con su caballo Epona en Ocarina of Time)


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